La caída que no termina

Llevo un vacío dentro que no he conseguido llenar desde entonces. Su recuerdo a día de hoy es algo que hace retorcerme de dolor. Un pasado que jamás volverá. Algo que no podré construir de nuevo.

El día que se fue sin mediar palabra, sentí que el cielo se caía a mis espaldas. Y fue entonces cuando mi vista comenzó a nublarse. Los días habían perdido su brillo. Y sentí cómo deambulaba por las noches, tratando de pegar cachitos de algo que un día fue mío. Nada desde aquel momento consiguió volver a hacerme tan feliz. No he sabido desde entonces lo que es tener esa ilusión. Y mi duda es si es que trato de buscar lo mismo sabiendo que fue único, o simplemente lo busco en el lugar equivocado.

El pasado acelerado de los días y unas cuantas pastillas de más; me llevaron al pasar de los meses. Un eterno septiembre que no cicatrizaba. Porque ni las risas, ni la terapia, ni si quiera el amor; eran suficientes para curar un corazón que se había desilusionado.

A su lado sentía que el tiempo pasaba más despacio. Que sus abrazos encajaban con los míos. Y el brillo de mis ojos deslumbraba. Se me notaba la alegría en mi risa. Y mi amor en cada una de las palabras que en mi boca yo ponía.
 La verdad es que no sé si desde que se fue, una parte de mí se fue con él. Porque yo ya no recuerdo cómo era. Solo me quedan fotos que me hacen pensar que un día, supe lo que era sentir de verdad. Y a mí me aterroriza pensar que esa capacidad la he perdido.

Supongo que nunca quise que fuera mío. Que por una vez, alguien quisiera quedarse conmigo. Y me limité durante unos años a ver cómo era feliz a su manera. Mientras yo también lo intentaba. Aunque por las noches me limitaba a tratar de entender que yo ya no formaba parte de su vida. Que yo no significaba nada.

Y le odié. Con todas mis fuerzas. Y odiándole me obligaba a recordarle. Aunque pasen los años, solo me habré limitado a olvidar la herida. Pero nunca la cerré. Porque nunca tuve la despedida que necesité. Nunca estuvo.

Nunca me había enfrentado a esta herida. Aunque ahora mismo condicione la persona que soy.
Desde cómo sonrío, hasta cómo dudo en dar mi corazón.
Y aunque no le necesite, sí echo de menos lo que fue tener ilusión.
Algo que se llevó, y que no sé cómo volver a encontrar.

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