Septiembre
Algunos por aquí maldecimos que hayas vuelto.
Claro que septiembre nos trae muchas cosas de nuevo,
pero también nos las quita.
Sin ni siquiera avisarnos.
Septiembre es como un segundo enero
lleno de ilusiones y propósitos,
que jamás se cumplirán.
Es el mes de las despedidas.
Es un mes
que te quita de un plumazo
ese sabor tan dulce del verano.
Un verano donde parecía que todo
había dejado de doler.
Llega el frío de nuevo,
y cada vez los días serán más oscuros.
Llegarán esas noches de invierno
estudiando hasta las tantas,
y esos planes que quedaron en el tintero;
esos "por si acaso",
que ya no saldrán a la luz.
Porque septiembre,
trae esa sensación de nuevo.
Cómo si a estas alturas
pudiéramos revertir el tiempo.
Maletas que se cierran;
ilusiones volando al otro lado del país;
un niño forrando sus libros;
una despedida en una estación;
un fugaz amor de verano,
que se quiebra en pedazos;
una gran cantidad de esperanzas,
contenidas sobre una caja de cartón.
Septiembre es ese momento decisivo del año.
Donde parece que debes pensar,
¿estoy siendo feliz con lo que tengo?
¿O simplemente me conformo?
Septiembre parece ese filtro,
ese meridiano en el calendario
que pone la cuenta atrás,
a una velocidad de vértigo.
Porque el tiempo se va.
Como aquella chica
que vuela en lo alto del cielo,
echando de menos su casa.
Como aquel hombre,
que termina de recoger sus pertencencias
de su antigua casa,
y se despide de lo que algún día fue su mujer.
Como aquel niño,
que da un último abrazo a su abuelo.
Como si nunca hubiéramos pensado,
que todo tendría un final.
Esos momentos de un verano,
que parece desvanecerse en segundos.
Donde ya sólo quedan fotos y una gran marca,
¡Ojalá hablase del moreno!
Porque volvemos a empezar.
Y eso nos da mucho miedo.
Claro que septiembre nos trae muchas cosas de nuevo,
pero también nos las quita.
Sin ni siquiera avisarnos.
Septiembre es como un segundo enero
lleno de ilusiones y propósitos,
que jamás se cumplirán.
Es el mes de las despedidas.
Es un mes
que te quita de un plumazo
ese sabor tan dulce del verano.
Un verano donde parecía que todo
había dejado de doler.
Llega el frío de nuevo,
y cada vez los días serán más oscuros.
Llegarán esas noches de invierno
estudiando hasta las tantas,
y esos planes que quedaron en el tintero;
esos "por si acaso",
que ya no saldrán a la luz.
Porque septiembre,
trae esa sensación de nuevo.
Cómo si a estas alturas
pudiéramos revertir el tiempo.
Maletas que se cierran;
ilusiones volando al otro lado del país;
un niño forrando sus libros;
una despedida en una estación;
un fugaz amor de verano,
que se quiebra en pedazos;
una gran cantidad de esperanzas,
contenidas sobre una caja de cartón.
Septiembre es ese momento decisivo del año.
Donde parece que debes pensar,
¿estoy siendo feliz con lo que tengo?
¿O simplemente me conformo?
Septiembre parece ese filtro,
ese meridiano en el calendario
que pone la cuenta atrás,
a una velocidad de vértigo.
Porque el tiempo se va.
Como aquella chica
que vuela en lo alto del cielo,
echando de menos su casa.
Como aquel hombre,
que termina de recoger sus pertencencias
de su antigua casa,
y se despide de lo que algún día fue su mujer.
Como aquel niño,
que da un último abrazo a su abuelo.
Como si nunca hubiéramos pensado,
que todo tendría un final.
Esos momentos de un verano,
que parece desvanecerse en segundos.
Donde ya sólo quedan fotos y una gran marca,
¡Ojalá hablase del moreno!
Porque volvemos a empezar.
Y eso nos da mucho miedo.
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