Menguante
Lo que más me cuesta a la hora de expresar mis sentimientos no es hacerlo. Si no saber por dónde empezar. Supongo que lo más fácil para todos es hacerlo desde el principio. Porque es la única manera que tengo para intentar pegar los cachos de las cosas rotas, y darle algún sentido.
He estado durante meses dando amor sin pedir nada a cambio. Si daba es porque podía. Y sobre todo, porque si una persona da es que tiene. Sé que hay personas que piensan que es malo. Pero teniendo algo que ofrecer jamás dudaría en darlo. Nunca lo hago hasta quedarme vacía. El vacío se produce cuando me doy cuenta de que quizá no se lo he dado a quien debía. Porque no era necesario. Y al final acabo queriendo a esa persona. Sin yo quererlo. Porque suelo saber reconocer que hay ciertas almas que sobresalen al resto. Supongo que lo malo no es ser buena. Si no ser buena con quien no debo.
Pero es que yo no entiendo de maldad. Solo una vez una persona que no sabía lo que quería me hizo sentir así. Pero es que él por no saber ni lo que quería, tiempo después tuve que darme cuenta de que nunca me había querido.
Pero es que yo no entiendo de maldad. Solo una vez una persona que no sabía lo que quería me hizo sentir así. Pero es que él por no saber ni lo que quería, tiempo después tuve que darme cuenta de que nunca me había querido.
Ha sido muy difícil aguantar. Pero me decía a mí misma que merecía la pena. Y me alegraba verle reír ¿Cómo no me alegraría por ello?
No venía a salvarle la vida. Ni si quiera buscaba que él me salvara a mí. Solo que yo quería que no me volviera a pasar lo que hace unos años. Me daba pánico que volvieran a destruir todo lo que tardé tanto en levantar de nuevo. Por eso siempre pensé que lo mejor era ir sin prisa. Ayudarle. Porque yo estaba bien. Y así fue. Pero el día en el que decidió desparecer. Aquellos mensajes en los que decía no querer verme más... Despertaron de nuevo esa inseguridad. Como si hubieran hecho un llamamiento a todos mis monstruos.
Volví a cuestionar. A cuestionarme. Pensaba que no estaba siendo suficiente. Me daba pánico abrirme y mostrar mis miedos. Porque sabía que las personas suelen huir al verlos.
Porque a mí me hacía sentir viva. Te lo prometo. Y ya sé que ahora estarás pensando que mi felicidad no depende de nadie. Y jamás lo ha hecho. Pero supongo que hay personas, a igual que hay lugares, que te hacen sentir un poco mas grande. Y me gustaba compartir el tiempo con él. Que me diera sus referencias. Aprender el uno del otro.
Porque a mí me hacía sentir viva. Te lo prometo. Y ya sé que ahora estarás pensando que mi felicidad no depende de nadie. Y jamás lo ha hecho. Pero supongo que hay personas, a igual que hay lugares, que te hacen sentir un poco mas grande. Y me gustaba compartir el tiempo con él. Que me diera sus referencias. Aprender el uno del otro.
También sé que a estas alturas te estarás preguntando que cuál es la diferencia entre ahora y hace unos días. Si se puede hacer lo mismo. Y no te diré que no. El problema es que ya no se siente igual. Porque las maneras de mirar, incluso de abrazar; son distintas.
Todo esto será pasajero. Como lo han sido otras cosas. Pero el dolor no es algo que pueda evitar. Y por experiencia, no se puede retener. Me siento triste. Y muy vacía. Porque otra vez he vuelto a ser yo quien de una manera u otra ha propiciado que ciertas cosas ocurran. Pero no tenía que terminar así. No tenía por qué irse así.
Yo lo único que deseo con ansias es que quien se quiera quedar conmigo tenga las cosas claras. Que me sepa ver. Pero no puedo pedirle a nadie que se quede, porque eso no se pide. Después de todo, y cuando me quedo con mi conciencia a solas; me felicito por haber hecho algo que otra persona no hubiera intentado.
Porque yo lo valgo, y las ganas que puse serán siempre únicas y mías. Y ya no solo hablo de este tema. Hablo de todo. Aunque quizá dentro de unos días se me olvide y vuelva a llorar. Porque claro que yo podría haber hecho ciertas cosas diferentes ¿Pero quién lo haría por mí?
Así que supongo que debo dejarme de tonterías y ponerme a quitarme la tristeza que suelo sentir. Las personas creen que no sé lo que valgo. A veces claro que se me nubla la vista. Pero es que cuando lo hago no tengo la necesidad de ir pregonándolo. Sé lo que valgo, sé de mi bondad, de mis capacidades. Lo sé todo.
No voy a luchar por algo que se va tan fácil. No otra vez. Ya me perdí una y no volveré a caer.
Lo siento.
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