Yo
He pasado días y días en el llanto,
tratando de comprender por qué yo no era suficiente.
He odiado cada cacho de mi.
Desde mi pelo hasta mis pies.
Incluso he odiado mi manera de reír.
Mi manera de ser.
Solo veía fallos en mí.
Deseaba ser esa clase de chicas que se ven por redes sociales.
Esa clase de chicas que son bonitas,
que escuchan buena música
y que parecen tener una mente increíble.
Esa clase de chicas con la que te quedarías horas hablando.
Y lloraba por las noches porque no conseguía meter en mi cabeza
el que jamás sería como ellas.
También tardé en darme cuenta
de que tampoco lo necesitaba.
Es una frustración tan profunda y tan persistente
la de odiarse a uno mismo,
que me llegué a replantear si yo a caso merecía
el cariño de nadie.
Porque, ¿cómo alguien como yo podría ser querida?
¿Habría alguien al que le gustase mi sonrisa?
¿Y alguien quien quisiera quedarse conmigo cuando estoy triste?
Si fuera un poco más lista
y un poco más bonita.
Si no tuviera miedos.
Si tuviera un poco más de pecho.
Si hubiera hablado menos.
Si no fuera yo.
¿Y por qué no?
¿Por qué yo no?
Cuando él se marchó dejó en mí un vacío tan grande,
que nadie consiguió llenar del todo.
Solo fui yo quien pudo sellarlo.
Solo fui yo quien supo curarlo del todo.
Hay personas que a día de hoy no comprenden
el porqué de sentirme tan pequeña.
Pero es que, querido, hace un tiempo
tuve un amor tan grande que me estalló en las manos.
Y en aquel momento comprendí que yo,
ni en mil vidas, sería ella.
También te preguntarás que por qué me cuesta tanto
hablar sobre cómo me siento.
Y es que el problema viene que cuando más lo necesité,
me hicieron sentir que era una molestia.
Que mi ansiedad no era tan real.
Y que el problema era yo.
Solo yo.
Pero hablo en pasado.
Porque aunque no siempre me veas brillar,
lo estoy haciendo cada día.
Aunque sea un poco.
Tuve que besar mis heridas.
Aprender a querer mis pensamientos.
Construir un muro entorno a mí.
Incluso llené libretas escribiendo.
Pero me prometí que jamás me volverían
a tirar al suelo.
Porque mientras yo estuviera.
Mientras yo fuera yo.
Y mientras yo me quisiera.
Siempre seré suficiente para otras personas.
Pero especialmente, para mí misma.
Y claro que me gustaría quitarme mis ojeras,
tener un cuerpo más bonito
o saber hablarte durante horas sobre psicoanálisis
y sobre historia.
Pero quien me quiere lo hará siempre por lo que soy.
Porque mientras a Santana le guste como abrazo;
mientras Legido siga pensando que seré capaz de hacer algo grande;
mientras Ruso me siga viendo tan bonita;
mientras Natalia y Andrea me sigan queriendo por lo que soy;
mientras a Patricia le sigan gustando mis consejos;
mientras Irene siga queriendo irse de fiesta conmigo,
mientras Darío, Pau e Israel sigan viéndome como la mejor chica del mundo;
mientras Mario siga viendo mi luz en la oscuridad;
mientras Raúl y Miguel vean lo bonito de mis textos;
mientras Marta siga confiando en mí aún cuando yo no pueda;
mientras Jaime siga diciéndome que mantenga la calma;
mientras mis dos Robertos, Victor, Diego y Brais sigan queriéndome así;
mientras Nuria siga mirándome como si fuera maravillosa;
mientras dure.
Mientras ellos me quieran.
Mientras ellos me apoyen,
yo no necesitaré más,
porque sabré que estoy en el camino correcto.
Porque nunca fui menos.
Aunque tardé en darme cuenta comprendí que jamás
necesitaría ser otra persona para hacerme querer.
Siempre he valido la pena,
y nunca dejé de hacerlo.
tratando de comprender por qué yo no era suficiente.
He odiado cada cacho de mi.
Desde mi pelo hasta mis pies.
Incluso he odiado mi manera de reír.
Mi manera de ser.
Solo veía fallos en mí.
Deseaba ser esa clase de chicas que se ven por redes sociales.
Esa clase de chicas que son bonitas,
que escuchan buena música
y que parecen tener una mente increíble.
Esa clase de chicas con la que te quedarías horas hablando.
Y lloraba por las noches porque no conseguía meter en mi cabeza
el que jamás sería como ellas.
También tardé en darme cuenta
de que tampoco lo necesitaba.
Es una frustración tan profunda y tan persistente
la de odiarse a uno mismo,
que me llegué a replantear si yo a caso merecía
el cariño de nadie.
Porque, ¿cómo alguien como yo podría ser querida?
¿Habría alguien al que le gustase mi sonrisa?
¿Y alguien quien quisiera quedarse conmigo cuando estoy triste?
Si fuera un poco más lista
y un poco más bonita.
Si no tuviera miedos.
Si tuviera un poco más de pecho.
Si hubiera hablado menos.
Si no fuera yo.
¿Y por qué no?
¿Por qué yo no?
Cuando él se marchó dejó en mí un vacío tan grande,
que nadie consiguió llenar del todo.
Solo fui yo quien pudo sellarlo.
Solo fui yo quien supo curarlo del todo.
Hay personas que a día de hoy no comprenden
el porqué de sentirme tan pequeña.
Pero es que, querido, hace un tiempo
tuve un amor tan grande que me estalló en las manos.
Y en aquel momento comprendí que yo,
ni en mil vidas, sería ella.
También te preguntarás que por qué me cuesta tanto
hablar sobre cómo me siento.
Y es que el problema viene que cuando más lo necesité,
me hicieron sentir que era una molestia.
Que mi ansiedad no era tan real.
Y que el problema era yo.
Solo yo.
Pero hablo en pasado.
Porque aunque no siempre me veas brillar,
lo estoy haciendo cada día.
Aunque sea un poco.
Tuve que besar mis heridas.
Aprender a querer mis pensamientos.
Construir un muro entorno a mí.
Incluso llené libretas escribiendo.
Pero me prometí que jamás me volverían
a tirar al suelo.
Porque mientras yo estuviera.
Mientras yo fuera yo.
Y mientras yo me quisiera.
Siempre seré suficiente para otras personas.
Pero especialmente, para mí misma.
Y claro que me gustaría quitarme mis ojeras,
tener un cuerpo más bonito
o saber hablarte durante horas sobre psicoanálisis
y sobre historia.
Pero quien me quiere lo hará siempre por lo que soy.
Porque mientras a Santana le guste como abrazo;
mientras Legido siga pensando que seré capaz de hacer algo grande;
mientras Ruso me siga viendo tan bonita;
mientras Natalia y Andrea me sigan queriendo por lo que soy;
mientras a Patricia le sigan gustando mis consejos;
mientras Irene siga queriendo irse de fiesta conmigo,
mientras Darío, Pau e Israel sigan viéndome como la mejor chica del mundo;
mientras Mario siga viendo mi luz en la oscuridad;
mientras Raúl y Miguel vean lo bonito de mis textos;
mientras Marta siga confiando en mí aún cuando yo no pueda;
mientras Jaime siga diciéndome que mantenga la calma;
mientras mis dos Robertos, Victor, Diego y Brais sigan queriéndome así;
mientras Nuria siga mirándome como si fuera maravillosa;
mientras dure.
Mientras ellos me quieran.
Mientras ellos me apoyen,
yo no necesitaré más,
porque sabré que estoy en el camino correcto.
Porque nunca fui menos.
Aunque tardé en darme cuenta comprendí que jamás
necesitaría ser otra persona para hacerme querer.
Siempre he valido la pena,
y nunca dejé de hacerlo.
Comentarios
Publicar un comentario