Cada doce veces


Si no hubiera tomado aquella decisión ahora mismo no lloraría frente a una pantalla de ordenador.
Porque se equivocó. Aquella utopía que existía en su mente ya no tiene sentido. Si es que jamás tuvo pies ni cabeza esta locura.
Porque han pasado los días y su ilusiones se han desvanecido. No solo ha dejado de creer en sus ideas, en su futuro; si es que el problema es que ya no creo en ella. Cómo entonces podría hacerlo en otras personas ¿A caso prosperará?

El pecho hundido del dolor y unos ojos cansados que solo piden tregua. Una mano que les ayude a levantarse. Un abrazo que les devuelva la ilusión.
Tiene miedo en su mirada. Tristeza en su manera de hablar... Y un gran cansancio acumulado en su andar. Es como si todo pasase a cámara lenta y escuchase las risas del exterior de fondo.
No siente el entorno. No es capaz de reconocerse en el espejo y recordar de su valía.

El peor de todos sus miedos era el de pedir ayuda. Hacía bastante tiempo que dejó de hacerlo cuando una persona le dijo que lo hacía en exceso. Y así fue como ella comenzó a perder la habilidad de expresarse. Ahora suele divagar entre letras para conseguir expresar todo lo que le pesa. Porque quizá de esa manera ya no duela. Porque así no molesta a nadie.

Y recae cada poco. Se equivoca como ninguna y sabe cómo volver a empezar a hacer el castillo de nuevo. Porque ya lo ha hecho otras veces. Sabe que en el fondo parar no sirve de nada. Aunque a veces en su corazón siente punzadas que le dicen: "Todo esto es demasiado grande para ti sola, cuídate y deja que te cuiden". Pero no hacía caso. Porque sentía que parando su mundo, el plazo de todo vencería. Que jamás lo lograría.

Su cuerpo le dice que pare, que se paciente. Sus amigos le preguntan qué diablos le ocurre. Ella más bien trata de preguntarle a sus diablos que por qué ella. Que por qué así. Si ella lo ha intentado siempre con todo su amor. Con toda su fe. Porque ella ya no cree en que las cosas vendrán a ella. Se dio cuenta de que a veces eres tú quien debe ir a buscarlas. Seguir pedaleando aunque las rodillas duelan pensaba que sería una buena idea.
Otra punzada más. Un mareo menos. Una noche llorando. Dos pastillas para el sueño. Un ciclo que solo le decía que pare. Y bien ella lo sabe. Quizá no será hoy. Quizá sea mañana. Pero cuando vuelva a alzar el vuelo, estoy segura de que recuperará ese brillar en los ojos.

Solo pide abrazos. Comprensión. Dejadla que se rompa y se construya las veces que quiera. Que se sienta libre. Que sea ella. Porque quizá solo de esa manera encuentre el camino.
Tú quiérela. Sobre todo quiérela. Porque ella, te aseguro, que te dará siempre el doble.
Volverá. Te lo prometo.

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