A rabiar
Un inmenso dolor se instaló en mi pecho aquel día.
No era capaz si quiera de articular palabra.
Estaba rota. Sentía que estaba al borde de la locura.
Me ahogaba en un llanto silencioso.
Y el corazón latía a mil por hora.
Y con cada lágrima. Con cada intento de volver a coger aire.
Me daba cuenta de que me alejaba de él.
No podía. Tampoco quería volver a ver como de nuevo
yo me tendría que limitar a olvidar.
Porque ¿cómo borrar todos los recuerdos?
Si ya no me quedan por borrar.
Si continuo escuchando sus canciones.
Incluso su olor sigue pegado a mi.
Y ahora mismo no consigo verte sin llorar.
No consigo ocultar esta pena.
No puedo deshacerme de este llanto.
Porque hace tiempo decidí no volverme a entregar a nadie.
Y para ti abrí todas las puertas de mi dulce casa.
Lo que yo no sabía es que jamás, nunca,
conseguiría ocupar todo el espacio que necesitabas.
Porque ni era suficiente. Ni mucho menos la persona.
Y ahora me ves un día cualquiera de madrugada escribiéndote.
Vuelve, por favor. Te echo de menos.
Porque no me veo capaz de llamarte.
Ni mucho menos de tener esa conversación pendiente.
Y vuelvo al dolor. Aquí no respiro.
Solo quiero decirte, ahora que mis palabras son fluidas,
que te he querido. Y lo he hecho de verdad.
Que siempre he querido verte feliz.
Que llenabas todo mi ser con tu manera de expresarte.
Que me encantaban tus ojos.
Que me he aprendido de memoria todas tus canciones.
Y yo aquí al final del texto, escribiendo de madrugada.
Donde no consigo verme.
Donde ya dudo el si volveré a ser mirada como lo hacías tú.
No hay suficientes palabras para expresar lo que siento.
No habrá suficientes días para explicarte bien cuando te quiero.
No habrá maquillaje que tape estas ojeras.
Te lo dije.
No fallaré en mi palabra. Solo llámame.
Si se trata de ti. Si el cielo es naranja.
Si el corazón te duele.
Porque cariño, pase lo que pase prometí estar junto a ti.
Te he visto en las peores.
Me quedé en tus malas noches esperando a que te durmieras.
Yéndome a casa tranquila sabiendo que gracias a mí has tenido la última sonrisa del día.
Así que espero que algún día consiguieras verlo.
No te lo puedo pedir. Pero ojalá sea yo el camino que elijas.
Y de no serlo. Siempre me sentiré feliz de haber formado parte de ti.
Te quise desde el primer día que te vi. Te lo prometo.
Hasta pronto.
Comentarios
Publicar un comentario