Dos Dé


Nunca sé si con lo que escribo trato de haceros entender cómo  me siento, o quizá trato de entenderme yo a mi.
Ya he estado aquí antes. En el fondo, quiero decir. El punto de partida en el que decido odiarme. Siéntate, por favor, y escúchame. Aunque quizá no lo entiendas he llegado un punto donde todo lo que soy, incluso lo bueno, me produce una sensación de repulsión increíble. 
Hay personas que me han hecho ver que mi amor es demasiado grande como para merecerlo, y sin quererlo, me han hecho sentir que ser yo no es bueno. Como si dar todo por alguien no fuera bonito. Supongo que lo dice la gente que no acostumbrar a recibir amor. Ni si quiera abrazos.

Cada día mi ansiedad ha ido en aumento. Incluso se me saltan las lágrimas escribiendo esto en el tren. Yo ya no soy lo que era. Aunque sí que estoy más cerca de quien quería ser. 

Siempre que he dado mi amor a alguien ha sido porque así sentía que debía ser. Porque querer, para mí, significa dar todo. Sin quedarte vacío, claro. Y ahí llego a otro punto. 
Odio la sensación que pueda dar de frágil. Cuando, y quizá lo diga tirándome flores, soy de las tías más fuertes que te vayas a encontrar nunca. De esas que piensas “está loca”. 
Me vas a ver mil veces caer. Pero me vas a ver cincuenta mil sonriendo con la ilusión del primer día. Doscientas mil abrazándote como si nunca me hubieran roto. Incluso queriendo como si jamás me hubieran abandonado. 

Así que de débil nada. Porque mi llanto jamás será un indicador de mi dureza. Ni mucho menos de mi valía. 

Pero también quiero decirte, a veces no puedo evitar estar en mi cama y retorcerme del dolor mientras me come el llanto. Mientras me duele todo tanto...

 ¿Y sabéis qué me pasa también cuando llego a este punto del texto?
Que soy una jodida afortunada. Que me he topado con gente mala, que jamás supo valorarme. Pero como siempre digo. Yo siempre voy a dar todo lo que soy yo (aunque aún deba aprender a medir cuanto doy), que la otra persona sepa y realmente quiera tenerme a su lado ya no será mi responsabilidad. Quiero decir, levantarme un día y pensar: “yo fui suficiente”.

Y luego me acuerdo de quien me cubre las espaldas. De cada jodido abrazo que me han dado cuando lloraba o cuando simplemente celebraban conmigo lo bueno. 
Me acuerdo de sus risas. De sus palabras y sus consejos. 
Porque también me acuerdo de que aunque haya personas que me hayan dañado, o hecho pensar que fui de menos; me quedaré con aquellas personas que han sabido y saben quererme por todo lo que soy. 

Y qué suerte la mía. Que soportan mis más y mis menos. Mis ausencias por WhatsApp. Mis tonterías. Mi ansiedad. Y qué suerte vuelvo a pensar. Qué suerte ser yo. 
Siempre suficiente. 

Comentarios

Entradas populares