Dear Sheliak

De las pocas cosas que puedo decirte, es que he descubierto que valgo mucho más de lo que creía. Valgo el doble de ser ese segundo plato, incluso me atrevería a decirte que el triple de lo que vale cualquier otro pasatiempo. Porque he podido ver que siempre he sido lo suficientemente buena como para no mendigar amor a nadie. Porque yo sola me basto. Y que para que alguien me destroce, ya lo haré yo. Porque nadie mejor que yo misma para saber por dónde empezar a coser de nuevo.

Ahora que llega septiembre he visto las cosas claras. He analizado cada persona y cada situación. Me he dado cuenta de que es hora de pedir ayuda. Supongo que esta vez debe ser la de verdad. Quiero volver a mi psicóloga. Aprender a volver a saborear el tiempo sin una pantalla delante. Cuidar mi salud física, que ya es hora.
No es que quiera volver a ser yo. Porque nunca he dejado de serlo. Pero lo que sí sé es que he estado mucho tiempo ausente dedicándoselo a quien no debía. Y descuidando a quien me necesitaba. Aunque otras veces sí que intenté dar todo mi ser a otras personas, aunque eso supusiera quedarme sin la mitad de mí.

Quiero volver a esos días. Me gustaría poder sentarme contigo y hablarlo. Que me digas que estoy en lo cierto. Que me ayudaras a marcar los pasos y lo consiguiera. Imagino que lo sabrás, pero una vez que me pongo en marcha con algo arraso hacia adelante, sin remordimiento. Supongo que me lo ha enseñado el tiempo. También debo suponer que la ansiedad me ha enseñado a veces a tirarme de la cuesta sin frenos y de esta manera sentir el aire. Aunque muchas veces suelo estamparme.

No me da miedo estar sola. Antes lo hacía. Ahora quizá me he acostumbrado a levantarme por la mañana y verme solo a mí en el reflejo, aunque este sea una imagen un tanto amarga. Y me atrevería a añadir otro "aunque", diciendo que no suelo reconocerme. Hace meses que dejé de hacerlo.

En ocasiones solo necesito que alguien me diga:"¿Qué necesitas?"
Alguien que te ayude a dar los primeros pasos. Alguien que sepa qué es esto. Y de no saberlo, que al menos me quiera. Y que esta vez, sea de verdad.
Y llegando al final de este texto, he llegado a la conclusión de que tengo bastante miedo ahora mismo. Y lo reconozco abiertamente. Porque ¿qué vendrá ahora? ¿Las cosas mejorarán?
Solo espero que llegue diciembre y no volver hasta aquí para sangrar y decir que fue una navidad sin tener a quien abrazar. Y quizá esta sea la definitiva.

Ojalá el cielo sea naranja.

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