Buda
Nada de lo que soy yo valdrá jamás lo suficiente.
Ni si quiera mis abrazos serán lo suficientemente fuertes para hacer que nadie se quiera quedar.
Lo que me lleva a pensar que este no es mi lugar. Nunca lo ha sido.
Ojalá fuera lo suficientemente bonita por dentro como para hacer que alguien se quiera quedar conmigo.
También me gustaría haberte podido decir que realmente merecía la pena. Pero no puedo mentirte con algo que no soy. Al fin y al cabo desde el primer momento te diste cuenta.
No sé a quién trataba de engañar. Si no soy esa clase de chica que alguien realmente se pararía a querer. Ni mucho menos a cuidar.
Soy la chica fugaz. De esas que pides un deseo y parece ser capaz de cumplirlo. Pero que cuando la conoces te das cuenta de que no es más que algo que brillaba y de cerca no era tan bonita como pensabas.
Siempre que hago las cosas las intento desde lo más hondo de mi corazón. Pero sospecho que con el tiempo mi interior se ha podrido entre mis pensamientos y mis miedos.
Quizá siempre he sido el problema yo. También tengo la certeza, hoy, más que nunca, de que ha llegado el momento de irme por donde vine. De que lo haga. Quizá hoy es el día. Si ya ni si quiera sé reconocerme en el espejo. No sé dónde estoy ni por qué lo hago ¿A caso me estaré volviendo loca?
Te prometo que pude ver el camino entre tus baldosas y tu almohada. Ahora solo veo un montón de edificios tapándome la luna. Ya ni si quiera puedo sentir el ruido de tus canciones. Demasiado fugaz como para haber sido real. Y yo quizá lo exageradamente ingenua y pequeña como para no ser recordada. Ojalá te proteja. Más aún ojalá pudiera ordenar este texto de todas estas frases sin conexión. Y que lo entendieras.
Ni si quiera mis abrazos serán lo suficientemente fuertes para hacer que nadie se quiera quedar.
Lo que me lleva a pensar que este no es mi lugar. Nunca lo ha sido.
Ojalá fuera lo suficientemente bonita por dentro como para hacer que alguien se quiera quedar conmigo.
También me gustaría haberte podido decir que realmente merecía la pena. Pero no puedo mentirte con algo que no soy. Al fin y al cabo desde el primer momento te diste cuenta.
No sé a quién trataba de engañar. Si no soy esa clase de chica que alguien realmente se pararía a querer. Ni mucho menos a cuidar.
Soy la chica fugaz. De esas que pides un deseo y parece ser capaz de cumplirlo. Pero que cuando la conoces te das cuenta de que no es más que algo que brillaba y de cerca no era tan bonita como pensabas.
Siempre que hago las cosas las intento desde lo más hondo de mi corazón. Pero sospecho que con el tiempo mi interior se ha podrido entre mis pensamientos y mis miedos.
Quizá siempre he sido el problema yo. También tengo la certeza, hoy, más que nunca, de que ha llegado el momento de irme por donde vine. De que lo haga. Quizá hoy es el día. Si ya ni si quiera sé reconocerme en el espejo. No sé dónde estoy ni por qué lo hago ¿A caso me estaré volviendo loca?
Te prometo que pude ver el camino entre tus baldosas y tu almohada. Ahora solo veo un montón de edificios tapándome la luna. Ya ni si quiera puedo sentir el ruido de tus canciones. Demasiado fugaz como para haber sido real. Y yo quizá lo exageradamente ingenua y pequeña como para no ser recordada. Ojalá te proteja. Más aún ojalá pudiera ordenar este texto de todas estas frases sin conexión. Y que lo entendieras.
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