Sobre si mereció la pena

No siempre sé decirte con claridad la respuesta a la pregunta de que si ha merecido la pena.
Una corazonada me dice que sí. Aunque para qué mentirte, sigo cometiendo los mismo errores; aunque con mucha menos frecuencia.
Supongo que a veces tengo un sentimiento que lo confundo con la tristeza o la nostalgia, que me hacen pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Quizá porque antes no dudaba tanto de todo, ni me costaba disfrutar de las cosas como ahora.

Han cambiado muchas cosas desde entonces. Aunque me temo que cada vez le tengo más miedo a tomar decisiones. Y en muchas ocasiones padezco del síndrome de Diógenes con los recuerdos en mi mente. Porque me da miedo desprenderme de ellos y no volver a verlos nunca más.
Aunque ahora me siento volando muchos metros más alto que antes, pero siento que el peso que debo cargar es cada vez más elevado, y por ende acabo cayendo a plomo hacia el suelo. Entonces claro que deseo con todas mis fuerzas tener la valentía que tienen otros.

¿Sabes una cosa? He conocido a gente genial durante este tiempo. Pensé siempre que todo acabaría al terminar aquel ciclo y que todo se mantendría pausado para siempre. Aunque también me da pánico que se conviertan en recuerdo, ya sabes, por eso de que yo nuca sé mantener nada a mi lado. Trabajo aún en ello.

Sé que no tiene nada que ver respecto al tema, pero muchas veces sé explicarme mejor con ejemplos. Y es que sentí que todo iba hacia delante cuando conseguí sacarme el carné. Es un ejemplo bobo. Pero a veces siento que llevo una responsabilidad increíble a mi cargo y que debo cuidar de no causar daños a otros, de no hacerme daño a mi y de saber reaccionar cuando sea necesario. Aunque nunca me ha gustado esto de coger velocidad, porque me da bastante miedo sentir que todo se irá de mis manos y que dejaré de disfrutar el paisaje. Quizá al final voy a acabar estropeando este supuesto coche a base de tirar del freno de mano. Todo por el miedo.

Aunque desde hace meses que he ido consiguiendo las agallas a intentarlo. A intentar cualquier cosa. Mejorar. Supongo que cuando descubrí que todo estaba en mis manos, comencé a ver que jamás habría límites. Que la única persona que apretaba el freno era yo. Supongo que cuando te fuiste me di cuenta de que podía dar sin límites, sin respetar los stop, incluso podía viajar sin los quita miedos.

En ciertas ocasiones suelo alcanzar mucha velocidad y me gusta, pero no entiendo por qué a estas alturas del viaje sigo sintiéndome tan culpable cuando consigo sobrepasar los límites que una vez me pusieron.

Así que creo que sí. Que todo el dolor, los llantos, las dudas y la incertidumbre merecieron la pena.
Supongo que mi madre tenía razón cuando me decía que jamás me detuviera, porque mientras yo me quedara parada el resto de cosas seguirían ocurriendo a mi alrededor. Con o sin mí.
Y sigo pecando porque me quejo mientras lo hago. Así que suelo intentar calmar a mi ansiedad diciéndole que todo esto pasará, como otras tantas cosas.

Aunque supongo que habrás entendido el mensaje, quiero decirte que al final lo conseguí. Casi, pero lo conseguí. Y ahora es cuando más confío en que jamás habrá un límite mientras tú, ansiedad, no te haga caso. Porque al final ningún mal durará eternamente, ni mucho menos, tus fuerzas.


Comentarios

Entradas populares