La noche de sábado

Sobre el cómo lloras un día cualquiera donde todos sonríen copa en mano.
Y donde la tristeza jamás tendría una cabida coherente.
Como cuando sientes que tu alma se desgarra por dentro.
Se abre en canal y tú te limitas a sentir cómo tu visión comienza a nublarse.
Y una lágrima cae, libre. Nada le frena en su caída.

Donde la noche,
 parece ocultar al completo la esperanza de que el sol brillará mañana.
Y todo ha dejado de cobrar el sentido que tenía antes.
¿A caso sigues siendo tú?

La eterna pregunta que me apuñala sin cesar.
Como cuando lo sientes y decide quedarse para siempre, junto a ti.
Porque el cielo parece el mismo, la noche brilla igual que lo hacía antes,
pero ya no estoy yo.
Mientras las risas ajenas pasan a un segundo plano.
Donde siento cerca las sonrisas de complicidad.
Y yo fuera el lastre que todo lo apena.

Así que supongo que mi energía, a veces,
parece ir disminuyendo como la longitud de estas frases.
Y la voz que me decía al oído "has venido para quedarte",
la sustituye un "Ya no más, no así".
Y es cuando me doy media vuelta y digo de irme.
Mejor en casa.
Mejor sin mí.

Porque ¿realmente lo estoy haciendo bien?
Hoy, al menos esta noche, siento que no.




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