Espiral
Cuando estoy sola suelo pensar en muchas cosas que me dan miedo. No hablo de monstruos, ni fantasmas. Hablo de pensar de que en cualquier momento todo puede irse al traste. De que cualquier decisión desembocará en el peor de los finales.
A veces, siento un dolor muy agudo en el pecho. Comienzo a dudar de si las cosas malas que me hacen son muy malas o yo las exagero. Y tras esto, comienzo a castigar mi mente diciendo que quizá lo merecía. Como si el dolor mental fuera algo digno de merecer por nadie.
¿Realmente merezco las cosas buenas? ¿A caso he hecho algo para merecerlo? ¿Y si esa persona me ha gritado porque me lo merezco? ¿Y si debería de dejar de ser tan libre? ¿Y si quizá lo estoy exagerando?
Una infinidad de preguntas que bombardean mi mente constantemente. Jamás siento que tengo algo por seguro. Y la verdad es que me asusta cada día más pensar en que el tiempo pasa y yo sigo anclada en una espiral de dudas y miedos.
La gente comienza a asentar sus vidas. Y yo que sigo aquí esperando a que pueda levantarme sin el miedo a quedarme aquí, sola. Con el temor de llegar un día y haberme dado cuenta de que nunca hice nada, de que me limité a dejar que el tiempo pasara y yo hubiera esperado eternamente a una felicidad que jamás super conseguir o quizá apreciar.
Así que lo siento de corazón si te lleno de dudas. Suelo llegar a tener la esperanza de que todas esas dudas no existen y de que las respuestas siempre estuvieron conmigo, delante de mí. Porque cuando todo está en calma vislumbro el camino y, este, siempre está lleno de gente.
Solo pido que no vuelva a perder la cordura y mucho menos la fuerza. Aunque en ocasiones todo se vuelve muy oscuro y no consigo vislumbrar el final. Otro día más pido no volver a tener miedo.
Ojalá sea mañana.
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