El lago

Querida abuela Cloti:

Hace ya unos años desde que vuestra casa quedó vacía sin vosotros.
Aunque a día de hoy todas tus pertenencias siguen en el mismo sitio, incluida tu colonia de coco, esa que tanto te gustaba. Y, para qué mentirte, me apena bastante llegar, salir del ascensor y saber que ya no estás ahí; que ya nunca más lo vas a estar.
Quizá jamás había conocido un amor tan puro como el tuyo, y ahora añoro hasta el último detalle de tu alma.  Apuesto todo al diablo a que tú eras feliz con solo pensar en vernos, aunque quedara una semana para ello. Sé que preparabas cada detalle de nuestra llegada al milímetro, para hacernos sentir en casa. Aunque la casa eras tú.
Hubiera deseado tener la suficiente madurez para poder disfrutarte. Haber paseado juntas por el Tormes y que me contaras todos tus recuerdos. Quería aprender de ti todo.
 Recuerdo cuando te llamaba llorando porque el aire me daba miedo; tú me dijiste que me enfrentara a él y le dijera que me llevara consigo si podía. A día de hoy sigo utilizando tu consejo para cualquier aspecto. Sé que lo dijiste con todo el amor del mundo.

Echo de menos que me mires con esos ojazos y me recuerdes. Ojalá lo volvieras a hacer. Aunque no seas consciente, yo sé que me observas y aunque no consigas recordarlo, me quieres; lo sé por cómo me miras. La misma mirada que ponías cuando me acariciabas la cara y sonreías pensando que tu nieta era la más bonita.
¿Y sabes, abuela? A veces me paro a pensar en que el tiempo que para mí fue bonito, no va a volver nunca. Y aunque intento ver más allá tú ya no estás. Así que quiero que me perdones cuando te acaricio con el pulgar la mano, y no consigues reconocerme, ni siquiera entender el porqué te quiero tanto.
Con todo el cariño del mundo, incluso con lágrimas en los ojos te digo, que tú has sido de las mejores partes de mí.  Te quiero.

Comentarios

Entradas populares