Rose

En aquellos meses no paré ni un momento. Hasta que un amigo se sentó una fría madrugada conmigo, en un banco, y volví a mirar de nuevo el cielo oscuro. Había estrellas, ya ni si quiera recordaba lo bonito que era mira el cielo nocturno en silencio, y aún así sentirte querida. Así que, Cheb Ruben tenía razón cuando decía, que había algo bello en quedarse callado.
No todo el mundo tiene esa capacidad de hacerte sentir bien, sin tener que decirte nada. Porque, a veces, las palabras están vacías y lo que nos hace falta en realidad, es mirar más a los ojos y abrazar. Que te muerdan con la mirada y sentir cómo te ruborizas. Aunque cada vez sea más difícil ser, que estar.

Sentí por un momento que volví a conectar con el mundo. Podía escuchar el sonido de las ruedas de los coches sobre el asfalto; el sordo ambiente del otoño, cuando las hojas caen, y el aire susurrando mis oídos. Fue como si nunca nada hubiera cambiado. Como si yo hubiera estado ausente en un eterno letargo.

Supongo que algo dentro de mi muere y nace cientos de veces, pero jamás desaparece al completo. Quizá sea por esa voz que me dice que son sólo días malos. Y siento como las gotas de lluvia caen sobre mí y me hacen recordar qué era sentir, aunque sea el frío. Es probable que sea una adicta a sentir siempre algo que me haga recordar, que sigo siendo la misma chica de siempre, solo que me he distraído del presente.

Me echo de menos.

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