Números

Eres un número, un título, una persona entre millones, eres una cuenta en el banco.
Eres la suma de todo aquello que te rodea, o por todo contra lo que luchas.
El ritmo incesante de quién tiene más y mejor. Como si estuviéramos a la venta del mejor postor, a la espera de ser reconocidos como los mejores.
A veces, somos el número par; otras el impar, el que nadie quiere porque parece incompleto.
"No te define un número", te dicen. Mientras que el Estado te evalúa por un sistema numérico donde, el mejor, el que más memoriza, siempre se llevará los aplausos.

Estudias desde que tienes uso de razón, para llegar finalmente a la selectividad. Un examen donde no sólo debes pagar una gran suma de dinero (por si en Bachillerato no te hubieras gastado lo suficiente).
En cuestión de tres días te enfrentas a un examen que supone un antes y un después en tu futuro. Miles de jóvenes compitiendo entre sí en búsqueda de un número; un sólo número que les permita acceder a un título.
Miles de sueños en juego. Horas de no dormir y miedo al fracaso sentados frente un examen. Buscando el ser aceptados.

Eres un título universitario el cual de no tener, serás tachado de ignorante. Y permitid que os diga que he visto a gente normal y corriente sin título, con mentes increíbles; y a titulados ignorantes, aceptados por un sistema que algún día les valoró por su capacidad de memorizar.

Personas que cada día se levantan por y para trabajar. Porque la vida gira todo en torno a los números.
Eres lo que estudias y más tarde lo que ganas. Eres un número en tu cuenta bancaria, eres esas letras de la casa por pagar, ese seguro del coche que pagaste con sudor y lágrimas, eres cada uno de los números que conforman cada cosa que te rodea.

Hace tiempo que dejamos de buscar en nosotros mismos qué era aquello que nos hacía feliz, lo sustituimos por deudas por pagar, noches de insomnio o por el miedo a no llegar a fin de mes.
Porque hace tiempo que dejamos de soñar, para cumplir los sueños de otros.
Y tristemente dejamos de ser personas en este sistema para ser un simple número.
Números que el día en el que mueras, desaparecerán sin quedar constancia de ellos.
Para finalmente darte cuenta de que dedicaste parte de tu vida en búsqueda de un futuro feliz, pero el tiempo se te fue. Pagaste una casa en la que poco estuviste, tuviste unos hijos a los que inculcaste que, para tener éxito, debían ser los mejores, tener un título universitario.

Pero nadie les pregunta que si son felices, porque todos, parece que hemos dado por supuesto que el dinero es nuestra felicidad, y que por ello debemos luchar únicamente por él.
Como si no hubiera cosas más allá.
Qué vida tan cara esta.



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