Muy lejos
Muy lejos
Hace poco me preguntaron que por qué el mundo, era capaz de dejarnos de un día para otro sin nada. Y no lo negaré, creo que desde que tengo uso de razón algo dentro de mí se retuerce al pensar que cada foto que tomo, congelará un momento que no va a volver nunca.
Parece como si cada recuerdo que acumulamos, fueran futuros remedios para saciar una pena que nos devorará por dentro.
Si no existiera el miedo o si no existiera la pérdida, quizá jamás sabríamos apreciar ese momento único que estamos viviendo. Porque pensaríamos automáticamente que tendremos nuevas oportunidades de sentirlo. Como si algo se volviera a sentir dos veces igual.
Acumulamos fotos de aquellas personas a las que queremos y las observamos con añoranza; observando hasta el detalle más pequeño, grabando a fuego en nuestra memoria cada gesto.
Somos la generación con más miedo a perder recuerdos.
La incansable manía de querer congelar en el tiempo todo lo que vivimos, por miedo a que un día no recordemos ni si quiera la voz de aquellos a quienes echamos de menos.
Guardamos cada muestra de aprecio porque sabemos que algo jamás volverá a ser, ni se volverá a sentir como la primera vez. Cartas escritas desde lo que algún día fue un amor, vídeos de aquellas últimas navidades, fotos con miradas de complicidad.
Y te detienes, acaricias esa foto con las yemas de los dedos; relees esas cartas en las que algún día hubo alguien con miedo a perderte. Reviviendo las llamas de algo que no volverá a prender.
Porque si existiera la eternidad no estaría escribiendo esto, con el miedo a que algún día no quede constancia de lo que construimos según vamos creciendo.
Ahora, a ti, quien sea que esté leyendo esto, devuelve al cajón tus recuerdos y sonríe. Porque viviste algo único y finales aparte, fuiste feliz; y ese, será el mejor recuerdo que jamás podrás tener. Algo así como decir que tuviste un lugar o una persona y lo llamaste hogar.
Att: Cristina.
Comentarios
Publicar un comentario