Precipicios

Estaba junto a mí, respirando, y pude ver en su rostro dibujada una sonrisa. 
Acurrucada en su pecho me detuve a escuchar cada uno de sus latidos. 
Estaba tan lleno de amor, y no se pensó dos veces en entregármelo todo sin pedir nada a cambio. 
Sé todo lo que cargó encima y le pido que por favor se cuide. Jamás me perdonaría hacerle daño. 
Él me recogió entre todos aquellos escombros y me tendió la mano. Se acercó a mi oído y prometió protegerme desde aquel momento, aunque aquello supusiera parar todas las balas que fueran hacia mí. Cada día me visitaba y poco a poco él, junto a más gente, consiguió pegar cada trocito que había en mí rotos. Me hizo ver que jamás debía temer el ser querida y que realmente merecía serlo. 
Él me conoce. Sabe lo que es estar conmigo en plena subida y más aún lo que es caer en picado. 
Y aunque el no me lo diga, yo sé que cada día que se iba a dormir rezaba para que yo mañana tuviera fuerzas de seguir. Le dije que todo yo era una fuerza que poco a poco se iba desvaneciendo y que mi vida, sentía que ya no tenía el sentido de antes. Sé que a él le dolió más escucharlo, que a mí decirlo. 
En su cabeza no podía comprender cómo alguien como yo podía desear con tantas ansias aquel final. Como si no me quedaran aún cosas por vivir, como si jamás fuera a ver más mundo.  
Jamás en mi vida había visto unos ojos que me miraran con tantas ganas de salvarme. En ellos pude ver amor y tristeza.  
Se sentó a mi lado, me besó la mano y prometió que saldríamos de aquello. Me sentí tan cerca del final que no pude apreciar que había comienzos más allá de toda aquella tristeza. Algún día le devolveré todo aquello que él me dio. Y prometo cuidar cada día todo lo que esté en mí mano a su corazón 

Comentarios

Entradas populares