Cuento de otoño
Pude ver cómo le miraba.
Y pongo la mano en el fuego, a que cuando lo hacía el mundo se paraba a sus pies.
Apuesto cada día de su relación, a que no tuvo los suficientes días para decirle cuánto le quería.
Tampoco tuvo las suficientes agallas para enfrentarse a lo malo, porque ella prefería irse durmiendo con la duda a que él se fuera enfadado.
Ella que hubiera dado todo lo que estaba en su mano por intentarlo, mientras que él prefería deshacerse de todo.
Cada día que pasaba, cuantas más dudas tenía; ella se iba consumiendo un poco más.
Y cuando todo terminó, él le arrebató sin querer un trozo a aquella inocente chica.
Sus ahogados llantos y su dolor estremecían a todo aquel que estaba cerca de ella.
Nadie podía entender cómo un dolor tan grande cabía en un cuerpo tan pequeño.
Sintió como su amor era demasiado grande para alguien tan pequeño.
Sostenía cada pedazo de lo que tanto quiso aguardar, y con lágrimas trataba de volver a juntarlos. Sin saber que aquello era cosa de dos, y él hacía tiempo que se había ido.
Lamentaba aquel septiembre, porque algo en ella cambió y desapareció para siempre.
No podía creer que ya no estaba.
Lo triste de su cuento fue que ella no sabía que él nunca estuvo.
No fueron del mismo mundo.
Comentarios
Publicar un comentario