Esperanza
Nunca he estado a favor de hablar desde la rabia, pero es que quizá nos han tenido engañados.
Engañados con el no hablar en caliente solo porque a veces las verdades destrozan.
Me he negado durante días en quitar la venda, creyendo en la Fe ciega del que todo se solucionará, pero a veces debemos ser honestos. Y no creer en nada. No hablo de nihilismo, hablo de no esperar, de continuar. Que lo que tenga que pasar pasará, al fin y al cabo, la frase esperanza dice de manera indirecta que tengas paciencia.
La esperanza nos hace ilusos, nos mantiene vivos, pero también nos destroza.
Hablo desde el destrozo, no desde el vaso medio vacío o medio lleno.
En un destrozo la perspectiva reside en las ganas que se tengan de reconstruirlo o de tirarlo abajo.
Y en el caso más cruel de dejar las ruinas como a expensas de que algún día todo se restaure o finalmente se destroce.
Hablo de amores a medias. Hablo del "No sé si te quiero", porque el que querer no es algo que se sepa, es algo que se siente.
Quizá mañana niegue mentalmente el haber pensado esto; pero quien te quiere no necesita que te alejes para pensarlo. No necesita verte fuera de su vida.
Sabes que quieres a alguien cuando nada más verla partir ya la echas de menos. O el pensar en los momentos más felices: "Joder, ojalá estuviera aquí, conmigo".
Pero lo triste de las despedidas es pensar en la otra parte. Cuando lo comprendes.
Recuerdo un día cuando era pequeña que atrapé a una mariposa, y la retuve porque la quería y era preciosa, pero mi madre me dijo:
“Si realmente la quieres querrás que sea libre, no le niegues el vuelo".
Y eso es lo que quizá más nos cuesta admitir, el pensar que alguien se quiere ir de tu lado porque no es feliz.
Porque el que alguien se quede no es algo que se pida. Al igual que el querer es algo que no se piensa y mucho menos se duda.
Lo que más nos mata es la esperanza y el recuerdo de lo que era.
Quizá es que hablo desde las ruinas de lo que un día llamé hogar.
Quizá desde las ganas de quererlo reconstruir.
Hoy hablo desde lo que es el ahora.
No hablo de un rendirse, hablo del placer que fue intentarlo.
Porque cuando algo termina, no hay esperanza que valga.
Porque en ningún final cabe el optimismo y mucho menos el pesimismo.
Aunque ahora quizá no lo veas, un día soltarás aquello que has amarrado con tanta fuerza durante días. Y sentirás como la sangre volverá a fluir por tus venas.
Quizá lo digo por convencerme a m´i o por convencerte a ti, quien quiera que seas que está leyendo esto.
Si algo tiene que volver así lo hará.
No te refugies en esto como una esperanza, más bien como una frase cualquiera que dice una desconocida.
Mis ruinas en orden de demolición y yo como una idiota a expensas de que él vuelva y me diga: "¿Y si volvemos a empezar?"
Pero ¿qué más decir? No me queda más que repetir que de esperanza a veces se muere.Y yo me he quedado en el camino.
SEPTIEMBRE 2017
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