El amor no duele
Siempre he sido de Sabina. Y la verdad es que, hasta hoy, no me había dado cuenta de que una de sus canciones contiene uno de los versos quizá más tristes y lamentablemente reales.
"Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño."
¿De verdad el amor duele?
Dejando a un lado mi locus amoenus y esa especie de amor que nos han inculcado, hoy me he dado cuenta, o más bien he madurado la idea de que el amor no duele.
El amor no duele, el amor cura.
El amor no son dudas, no son llantos, ni son inseguridades. El amor no es tristeza.
Parece que hemos normalizado la frase de: "Los polos opuestos se atraen", cuando lo único que hacemos es dar paso a una explosión dañina.
¿De verdad el amor duele?
¿De verdad el amor son dudas?
Sabina se equivocaba, el amor no duele y mucho menos es un juego.
Cuando se marchó sentí un fundido en negro. Creyendo que él se llevó un trozo de mí.
Lo llamé la luz irreal de los momentos felices.
Sentí que una parte de mí se había roto y que todo fue culpa mía.
Y llegó alguien que me hizo ver que el amor no duele, que el amor no son dudas.
Que no es un miedo continuo a que te abandonen.
Y llegó, reconstruyó cada uno los cimientos que en mí había rotos a base de besos y risas.
Y llegó, y me hizo ver qué significa querer y que te quieran.
Y llegó, pero lo más importante se quedó.
Lidió con mis monstruos y me abrazó cuando me sentía minúscula.
Y me salvó.
El amor al parecer no era un juego. El amor entonces no dolía.
Y se quedó.
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