Me despido de tí

Esta es una carta de despedida, espero que lo entiendas.

Hola, ansiedad:
Sé que estás ahí, sé que no quieres hacerme daño, pero lo haces.
¿Y sabes? Me he cansado tanto, pero tanto, que vengo con todas mis fuerzas para echarte de mi vida.
Esto es una declaración a mis piernas, a mi cara, a mi nariz, a todas aquellas partes de mi pequeño cuerpo que tanto he odiado. Pido perdón por tanto daño. Porque parece mentira que tras tanto tiempo -cuatro años- pueda decir que estoy orgullosa hasta del último defecto.
Pido perdón a mi cabeza por llenarla de miedos irreales, te juro que nunca lo hice a posta.
Pido perdón a todas esas personas que han tenido que aprender a ser pacientes conmigo.
Pido perdón por asustar a la gente a la que quiero.

Ansiedad, desde aquí te digo, que nunca volveré a pedir perdón en tu nombre.
Aunque en el fondo te debo agradecer muchas cosas.
Gracias por hacerme fuerte.
Gracias por hacer ver que aunque el miedo te pueda, a pesar de todo, hay que seguir adelante.
Gracias por hacerme ver a quien me quiere de verdad.
Gracias por haberme hecho conocer a gente preciosa que comprendía lo que era convivir contigo.
Gracias por hacerme indestructible, valiente, fuerte, imparable.

¿Sabes? Me has hecho pensar que estaba loca, que nunca sería feliz, que no valía, que nadie me quería y que nunca sabría querer a alguien.
Escúchame con atención, he quitado del medio todas tus piedras.

Recuerdo que de pequeña me daba miedo el viento, y mi abuela me dijo que me pusiera ante él y dijera: "Aquí me tienes, llévame si puedes". Lo que ella no sabía es que esa frase me serviría tiempo después. Estás ante la ansiedad, no te va a hacer daño, y aunque no te lo termines de crees, no sólo no te va a hacer daño, sino que no va a poder llevarte. Eres mucho más fuerte que ella.

Definiría la ansiedad como ese miedo irracional a la oscuridad que teníamos de pequeños. Nos daba miedo, y más cuando pensábamos que tras esa oscuridad se escondía un monstruo. En este caso el monstruo son todos aquellos miedos irreales que la ansiedad nos genera. Pero, cuando enciendes la luz y ves que no hay nada tras esa oscuridad, puedes descansar. A veces esa luz es una persona o nosotros mismos.

Si necesitas ayuda para salir pídela, si necesitas llorar, hazlo. Pero por favor, nunca te rindas, no dejes que la ansiedad se apodere de ti.
Porque algo irreal no es más fuerte que la realidad.

No escuches a esas personas que te dicen que la ansiedad es una excusa, que eres una persona tóxica. Porque eso es lo único que saben decir las personas cobardes.
Hay que ser cobarde para huir de alguien por estar triste, por ser un suicida, por tener ansiedad. Son las mismas personas que no tienen la valentía de luchar y por ello huyen ya que no están preparados para ello.

Valiente aquel que trata día a día de hacerte reír, que te quiere cuando ni tu mismo te quieres, que te cuida y que te va a querer triste o eufórico. Pero más valiente eres tú, por seguir ahí, por luchar cada día una guerra en tu cabeza.

Siempre he oído decir que Roma no se construyó en un día, así que tomate el tiempo que necesites, pide la ayuda que necesites. Y a pesar de lo que en ocasiones puedas pensar, no estás solo.

He venido a despedirme de ti, Ansiedad.
Hasta siempre.


Comentarios

Entradas populares